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Primera galardonada con el premio We Are Puerto Vallarta a la trayectoria profesional
El 1 de abril de 2026, algo que la comunidad del espectáculo de Puerto Vallarta ya sabía desde hace tiempo se hizo por fin oficial: Kim Kuzma fue reconocida por sus contribuciones y galardonada con el primer premio We Are Puerto Vallarta Lifetime Achievement Award a la trayectoria profesional.
Para quienes han reído, llorado y cantado con ella durante las últimas dos décadas, el honor no se siente como una sorpresa, sino más bien como una ovación de pie que se ha ido gestando durante más de 20 años.
El viaje de Kim a Vallarta no formaba parte de ningún plan maestro.
Fue más bien un salto espontáneo que se convirtió en una historia de amor para toda la vida.
Todavía recuerda vívidamente sus primeros momentos en un escenario de Vallarta.
“Recuerdo mi primera vez en The Palm Cabaret. Estaba absolutamente aterrorizada porque la sala estaba llena de hombres gais y me ponía nerviosa interrumpir el murmullo que llenaba el lugar para empezar a cantar”, comenta.

Pero algo mágico ocurrió esa noche.
“El público fue muy acogedor, me vitorearon y finalmente me relajé”, recuerda.
“El público de esa noche ayudó sin duda a que eso sucediera”.
Esa conexión —instantánea, eléctrica y profundamente humana— se convertiría en la base de una relación entre artista y comunidad que no ha hecho más que fortalecerse con el tiempo.
Por aquel entonces, Vallarta ni siquiera estaba en sus planes.
Estaba forjando una carrera de éxito en Vancouver y preparándose para ir a Europa cuando la vida se interpuso.
“Era el año 2000, así que ni siquiera pensaba en México”, dice.
Pero años más tarde, durante una etapa personal difícil, un amigo la animó a retomar la idea.
En cuestión de días, estaba en un avión.
“Fue literalmente él llamándome un martes, preguntándome ‘¿Qué haces el jueves?’ ¡y nos fuimos!”.
Ese viaje impulsivo lo cambió todo.
Lo que la hacía volver no eran solo las actuaciones.
Era el sentimiento.
“Siempre sentí que volvía a ‘casa’”, afirma.
Y cualquiera que haya llegado alguna vez a Vallarta conoce ese momento que ella describe a la perfección: “En cuanto llegábamos al Malecón, se me iluminaba la cara con la sonrisa más grande, ¡absolutamente eufórica por haber vuelto! Entusiasmada como una colegiala”.
A lo largo de los años, Kim fue testigo de cómo Vallarta se transformaba en uno de los principales destinos LGBTQ+ del mundo.
Desde un puñado de artistas compitiendo por el público hasta la escena vibrante y de alto nivel de hoy en día, lo ha visto todo.
“¡Hay artistas increíbles aquí!”, ríe.
Sin embargo, a pesar de toda la evolución —bailarines, efectos visuales, producciones más grandes—, una cosa no ha cambiado: el esfuerzo.
“Los artistas todavía tienen que repartir folletos y promocionarse ante todo el mundo en la playa. Eso agota la voz. Lo recuerdo bien”.
Sí, Kim Kuzma trabajó una vez en la playa en bikini promocionando sus espectáculos, y no lo ha olvidado.
De hecho, sus tácticas de marketing eran memorables.
“A veces amenazaba a los hombres con quitarme el bikini la próxima vez que los viera si no venían a mi espectáculo. ¿Qué te parece eso como marketing? Jajaja”.
Con el tiempo, los viajes constantes pasaron factura.
Tras años viviendo de maleta en maleta —“cargando con hasta ocho maletas de un lado a otro”—, Kim tomó una decisión que daría forma a su siguiente etapa.
“Quería echar raíces”.
Pasar al sector inmobiliario sin dejar de actuar le permitió ganar estabilidad sin perder su conexión con el escenario.


Hoy en día, actuar en Vallarta se siente diferente, pero de la mejor manera posible.
“Ahora hay menos estrés”, dice, agradecida por el público fiel que sigue acudiendo después de todos estos años, junto a caras nuevas que la descubren por primera vez.
Sus populares cenas-espectáculo siguen reflejando lo que mejor sabe hacer: mezclar humor, vulnerabilidad y autenticidad en algo que se siente profundamente personal.
Esa autenticidad no es casualidad.
“Cualquier cosa por la que esté pasando siempre se abre camino en mis actuaciones”, explica.
Ya sea que esté en una ola de alegría o lidiando con un desamor, todo aparece en el escenario, a menudo envuelto en humor.
“O quizás, si me siento más vulnerable, se entrelaza con humor y sarcasmo para que no se vea lo devastada que puedo estar. Menos mal que nunca he pasado por eso y todo han sido unicornios, príncipes y arcoíris. Jajaja”.
Pero más allá de las risas, lo que define el legado de Kim es la conexión.
Una historia destaca entre las muchas.
Tras hacer un esfuerzo especial para asegurar que una mujer con problemas de movilidad tuviera un buen asiento para su cumpleaños, Kim conoció más tarde a la hija de la mujer, por casualidad.
“Me contó lo mucho que significó para su madre. Para cuando terminó, yo estaba llorando”.
Para Kim, esos son los momentos que más importan.
“Que haya hecho que alguien se sienta ‘visto’ es importante para mí”.
Es esta generosidad emocional —dentro y fuera del escenario— lo que la ha hecho ganarse el cariño de Vallarta durante más de dos décadas.
Y Vallarta, a cambio, le ha dado algo igual de significativo.
“Esta comunidad es una de las más generosas que he visto nunca”, afirma.
“Al final, todo se reduce a la gente. Así de sencillo”.
Ese sentido de pertenencia es quizás la razón por la que sus espectáculos se sienten ahora menos como actuaciones y más como reuniones.
“Definitivamente, para la familia”, dice.
“O para conocer a nueva familia”.
Entonces, ¿qué significa recibir un premio a la trayectoria profesional en un lugar que sientes como tu hogar?
“Me siento tremendamente honrada”, dice.
“Realmente significa algo para mí”.
Y debería.
Este reconocimiento no se trata solo de longevidad. Se trata de impacto.
Se trata de dos décadas de recaudación de fondos, de contar historias, de risas y de mostrarse como su yo auténtico, noche tras noche.
Por supuesto, siendo Kim como es, mantiene los pies en la tierra con humor.
Cuando se le pregunta por el hecho de que la llamen “leyenda”, bromea: “¡Vieja como el demonio! ¡Jajaja!”, antes de añadir: “Me siento muy bendecida de que la gente todavía quiera venir a escucharme”.
Mirando hacia atrás, hubo un momento —hace años— en el que supo que esta vida era para ella.
Estando en Gringo Gulch, contemplando las vistas, se detuvo mientras corría y dijo en voz alta: “Voy a vivir aquí algún día”.
Esa certeza, esa claridad, la llevó exactamente a donde debía estar.
Y hoy, su Vallarta está llena de significado.
“Mi Vallarta es un pueblo que me ha dado muchísimos recuerdos, amigos que tendré de por vida. He creado una vida de éxito para mí por mi cuenta. Me ha dado mucho de lo que estar orgullosa”.
Como ella misma dice de forma tan sencilla y hermosa: “¡Gracias, Puerto Vallarta!”.
Después de más de 20 años, innumerables actuaciones y ahora un premio histórico, una cosa está clara: Puerto Vallarta no solo le dio a Kim Kuzma un escenario.
Le dio un hogar.
Este artículo apareció en nuestra edición de verano de 2026. Lee la copia digital aquí.
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